De la A a Z, despejamos todas tus dudas antes de tomar el sol. Para que disfrutes de sus benefi cios sin jugarte la piel.
Arrugas. El fotoenvejecimiento sí que podemos prevenirlo y retrasarlo porque es fruto de nuestra irresponsabilidad. De hecho, los expertos estiman que el 80% de los signos del envejecimiento no están causados por el paso del tiempo, sino por factores externos. Entre ellos, el más destacado es el sol. No olvides que la piel tiene memoria y acaba por reflejar todos los excesos cometidos en forma de arrugas prematuras, pérdida de elasticidad, flacidez y manchas. ¿Cómo evitarlo? Utilizando protección los 365 días del año.

Bronceado. Es el mecanismo natural de defensa de la piel frente a la radiación solar. Aunque ya estés morena, no prescindas de la protección.
Capital solar. Todos nacemos con un patrimonio de sol que viene predeterminado genéticamente y que establece el número de horas que puede someterse una piel, a lo largo de su vida, a la luz del astro rey. Pero es limitado y las repetidas exposiciones acaban por agotarlo: llega un momento en que ya no te bronceas más. Si esto ocurre, se abre el camino a desarreglos cutáneos, incluido el cáncer.
Dosis. La cantidad correcta de protector solar que recomiendan los expertos es de 2 mg de crema por cm2 de piel, es decir, el equivalente a seis cucharadas de café o una pelota de golf para todo el cuerpo. Si quieres estar segura, debes ser muy generosa en la aplicación del producto y no dejar ni una sola parte del cuerpo sin crema. Si te aplicas la protección media hora antes de tomar el sol, la renuevas cada dos horas y siempre vuelves a ponértela después de cada baño, un bote de 250 ml te debería durar un fin de semana. Si no es así, toma la precaución de utilizar otra protección más elevada.
Eritema. Es la quemadura solar de primer grado que se traduce en enrojecimiento más o menos intenso de la piel y que está provocada por la exposición excesiva a los rayos ultravioleta.
Fototipo. Indica el grado de sensibilidad de una persona al sol y su capacidad para broncearse, en función del color de piel, ojos y cabello. Saber cuál es tu fototipo es fundamental para utilizar el factor de protección adecuado. Existen seis distintos. Una regla práctica: cuanto más bajo es el tuyo, más elevada tiene que ser la protección solar y viceversa.
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